Duck Curve en España.
La curva del pato: el desafío de la alta penetración solar en el sistema eléctrico español
La curva del pato, o duck curve en inglés, es un fenómeno gráfico que representa el desajuste entre la generación de energía solar y la demanda eléctrica a lo largo del día. Surgió por primera vez en California a principios de la década de 2010, cuando el rápido despliegue de la fotovoltaica provocó un fuerte descenso de la demanda neta durante las horas centrales del día, seguido de un ascenso pronunciado al atardecer. En España, con uno de los mayores crecimientos de energía solar en Europa, este patrón se ha convertido en una realidad cada vez más visible, especialmente desde 2024 y con mayor intensidad en 2025.
El término describe gráficamente una curva de carga neta que recuerda la silueta de un pato: el cuerpo plano o hundido durante el mediodía, cuando la generación fotovoltaica alcanza su pico y reduce drásticamente la necesidad de producir energía con otras fuentes; el cuello largo y empinado en las horas vespertinas, cuando el sol declina pero la demanda eléctrica aumenta por el encendido de luces, electrodomésticos y climatización; y la cabeza, que marca el pico de consumo nocturno. Este desajuste obliga al sistema a realizar rampas de generación muy rápidas, normalmente con ciclos combinados de gas, lo que genera ineficiencias, volatilidad de precios y riesgos para la estabilidad de la red.
En España, el fenómeno se ha acentuado por el boom fotovoltaico. Según datos de Red Eléctrica de España, en 2025 la demanda eléctrica peninsular creció un 2,8 por ciento hasta alcanzar los 256.086 GWh, mientras que la generación renovable superó el 55 por ciento del mix total (alrededor del 57 por ciento incluyendo autoconsumo). La solar fotovoltaica fue la gran protagonista, con más de 7.800 MW nuevos instalados solo ese año, lo que elevó su contribución de forma significativa. En primavera y otoño, períodos de alta radiación y demanda moderada, ya se observan curvas netas con descensos de hasta varios gigavatios en pocas horas durante el mediodía.
Uno de los síntomas más evidentes es el curtailment, o vertido forzoso de energía renovable. En 2025 España registró niveles récord de energía renovable no integrada, más del doble que el año anterior. En julio de ese año se alcanzaron picos del 11 por ciento de restricciones técnicas, y las proyecciones para 2026 y 2027 estiman entre 3 y 3,4 TWh anuales de curtailment no compensado, con la fotovoltaica como principal afectada. Las zonas más saturadas, como Badajoz, Ciudad Real, Toledo, Albacete o Sevilla, sufren limitaciones superiores al 5 por ciento anual en algunos nudos, debido a la congestión de la red de transporte y distribución.
Este desajuste también se traduce en una fuerte volatilidad de precios en el mercado mayorista. Durante 2025, las horas centrales del día (entre las 10 y las 16) registraron precios medios de 33 euros por MWh, un 28 por ciento menos que en períodos anteriores gracias al exceso de solar. En cambio, las horas punta vespertinas y nocturnas (20 a 24) superaron los 100 euros por MWh en muchos días. Esta curva de precios en forma de pato genera incertidumbre para productores y consumidores, desincentiva la inversión en ciertas tecnologías y obliga a mantener centrales de respaldo fósil listas para entrar en operación de forma abrupta.
Los retos son múltiples. Técnicamente, el sistema debe gestionar rampas de generación de hasta 10-15 GW en pocas horas, lo que aumenta el riesgo de inestabilidad, como se evidenció tras el incidente de abril de 2025 que llevó a reforzar los criterios de operación. Económicamente, el curtailment reduce la rentabilidad de los parques solares y erosiona la competitividad de las renovables. Desde el punto de vista regulatorio, persiste la necesidad de avanzar en mercados de flexibilidad y en la retribución adecuada de servicios de ajuste.
Frente a estos desafíos, las soluciones pasan por la flexibilidad del sistema. El almacenamiento mediante baterías (BESS) acopladas a plantas fotovoltaicas emerge como la herramienta más efectiva para aplanar la curva del pato: cargan durante el exceso solar y descargan en el pico vespertino. También ayudan la demanda response, la interconexión con países vecinos, el bombeo hidroeléctrico y la digitalización de la red. El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima prevé alcanzar 22,5 GW de almacenamiento para 2030, buena parte mediante sistemas híbridos solar más baterías. Además, el refuerzo de la red previsto en el plan de desarrollo 2025-2030, con inversiones superiores a los 13.000 millones de euros, es clave para reducir congestiones.
En definitiva, la curva del pato no es una maldición, sino un síntoma del éxito de la transición energética. España, con su excelente recurso solar y su liderazgo renovable, está en condiciones de transformarlo en oportunidad. Con el despliegue masivo de almacenamiento, la modernización de la red y una mayor flexibilidad en la demanda, el sistema eléctrico podrá absorber la producción solar sin vertidos ni volatilidad excesiva, avanzando hacia un modelo 100 por ciento renovable más eficiente y resiliente. El año 2026 se presenta como un punto de inflexión: o se acelera la flexibilidad o el pato seguirá estirando su cuello cada vez más.

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